¿De dónde vienen las piñatas?

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Piñata de estrella azul

¿Sabías que hay dos versiones sobre el origen de las piñatas?

Primera versión

Se remonta a la antigua China. Los chinos tenían desde hace siglos, una especie de piñata en forma de buey o vaca que hacían con papeles de colores y rellenaban de semillas. Durante el Año Nuevo Chino las rompían a palazos. Cuando la piñata se rompía, le prendían fuego y se peleaba por las cenizas, porque las consideraban de buenísima suerte.

Al parecer fue Marco Polo quien llevó las piñatas a Italia, donde las bautizaron como «pignatas» (en italiano la «gn» suena como «ñ») y las adaptaron para conmemorar la Cuaresma. De Italia, Marco Polo viajó hasta España, en donde  el primer domingo de cuaresma, la gente salía a romper esa olla, a lo que posteriormente se le conoció como Domingo de Piñata.

En Italia, el cristianismo la adoptó para convertirla en un acto religioso. Cuando llegaron a España, los conquistadores extendieron la práctica de romper las piñatas en el Nuevo Mundo, en donde la utilizaron como un elemento de evangelización del pueblo, quienes tenían una costumbre similar con la que veneraban al dios Huitzilopochtli, Dios del Sol y de de la Guerra.

Segunda Versión

La otra versión, es que en Mesoamérica cuando aún no habían llegado los españoles, existen vestigios que permiten aseverar que algunas culturas tenían una tradición similar a la proveniente de China.

Los aztecas celebraban a finales de año el nacimiento de Huitzilopochtli, dios del Sol y de la guerra, colocando en su templo una olla de barro en un poste. La olla se adornaba con plumas de colores y se llenaba con pequeños objetos de valor, luego se rompía con un palo y los objetos derramados se convertían en la ofrenda para la imagen del dios.

Los mayas también ejecutaban el juego de Pa’p’uul, “rompe el cántaro», en el que los niños, con los ojos vendados, golpeaban una olla de barro suspendida de una cuerda, dentro le esperaba una sorpresa, normalmente era algún animal endémico de la zona.

Es posible que los misioneros hayan descubierto con sorpresa, que los pueblos de México ya poseían una tradición similar.

Así, pude que los evangelizadores asociaron la costumbre azteca y las piñatas a la celebración religiosa de Navidad —el nacimiento de Jesús el 24 de diciembre— y le inyectaron el concepto del pecado a la nueva tradición. Crearon una olla de barro, la decoraron con papel de colores llamativos lo que en teoría representaba a Satanás; luego añadieron siete picos, los cuales personalizaban los siete pecados capitales y ya tenían la forma de estrella, la de Belén. Las rellenaron con frutas y golosinas, que serían recibidas como premio y por vencer al pecado al romper la piñata. Eso sí, con los ojos vendados, para que no quede duda de la fe ciega y de la voluntad para vencerlos. Antes de darle a la piñata se daban 33 vueltas, una por cada año que vivió Jesucristo.

 

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